Hoy es el mejor momento para blindar la seguridad de las escuelas

Tras la pandemia, empresarios del sector educativo resintieron un fuerte golpe a sus finanzas, pues además de la severa disminución de la matrícula de estudiantes, más de 50% de las escuelas sufrieron algún tipo de saqueo en sus instalaciones, desde robo de equipo costoso como pantallas, proyectores, equipo de audio, computadoras y equipo de laboratorio, hasta mobiliario como escritorios, bancas, puertas, cables, focos e incluso sanitarios.

Tanto se vio afectado este sector que 30% de los colegios privados en México cerraron sus puertas de manera definitiva. Los que sobrevivieron, en muchos casos, tuvieron que comprar aparatos costosos y especializados (a veces a plazos) para ofrecer de nuevo clases presenciales o híbridas. Ahora están a la expectativa de que ningún alumno se contagie para poder seguir trabajando, de lo contrario, la jurisdicción sanitaria correspondiente podría determinar nuevamente el cierre de sus instalaciones y su mobiliario quedaría otra vez a merced de los ladrones.

En este posible escenario de nuevos cierres, muy probablemente las instituciones se verán en dificultades para seguir pagando el equipo que adquirieron y como si no fuera suficiente, aprovechando nuevos brotes, el hampa podría volver a robarles, considerando el cuantioso botín que obtuvo durante la pandemia sin que nadie los detuviera.

¿Cuál es la lección que se debe aprender? Hoy más que nunca los empresarios del sector educativo deben proteger sus instalaciones y equipos, de manera eficiente y costo efectiva, pues ninguno de ellos puede darse el lujo de volver a ser blanco de la delincuencia.

Este sector necesita la asesoría de expertos de seguridad que sepan combinar tecnología de punta, procesos y recursos humanos, para proteger este tipo de inmuebles. Cada sección de la escuela representa un valor diferente para el hampa y es codiciado de manera distinta en el mercado negro, por lo que debe ser monitoreado bajo criterios diversos. No es lo mismo cometer un robo en un salón de clases, que en un auditorio o que en un laboratorio de cómputo o de ciencias.  Tampoco es lo mismo el robo de algunos celulares durante el receso que comete un hampón improvisado que la sustracción de todas las computadoras de un aula durante un fin de semana o el hurto del cableado eléctrico. Hay protocolos y sistemas de seguridad para cada situación.

Las aulas con equipo de cómputo deben integrar sistemas anti intrusión y los laboratorios deben contar con sistemas de detección de movimiento y ruptura de cristales. La cabina de control de los auditorios contiene equipo sumamente valioso y atractivo para la delincuencia, por lo que debe contar con un sistema de vigilancia continua y estar reforzado con mecanismos avanzados de control de acceso.

Una empresa profesional de seguridad privada sabe que incluso el vandalismo y las sustracciones provienen en muchas ocasiones de los alumnos, principalmente de secundaria y preparatoria, quienes frecuentemente cometen actos de sabotaje y robos para llamar la atención.

Forbes México, 04 de octubre de 2021

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